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Allá donde fueres, haz lo que vieres.

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Resulta que ahora, Víctor Valdés, el portero más laureado y de los más queridos en Can Barça, está molesto con el club. Que no tiene nada que ver tener éxito en una empresa para después no estar contento con la misma, pasa hasta en las mejores familias.

Lo único que sorprende es la dinámica. Entendiendo por dinámica el conjunto de hechos o fuerzas que actúan para un determinado fin u objetivo común, no acabo de ver qué objetivo hay en unas declaraciones en donde el técnico del Juvenil A no acaba de ver claro que vengan jugadores del B a su equipo.

De las declaraciones leídas en los periódicos (yo no estaba ahí), hay una que me ha dejado bastante en fuera de juego: “He decidido no convocar a ningún jugador del Barça B. Soy un entrenador que de puertas para dentro intento mantener esa hermandad entre jugadores y cuerpo técnico”.

¡Mal jugado compañero! Y no por el hecho de intentar (que no siempre es conseguir) mantener la hermandad entre jugadores y cuerpo técnico; mal jugado porque el mensaje que envías al mundo es que lo foráneo no tiene cabida; y ¡no es cierto!

El hecho de que haya un nosotros y un ellos ya es un aspecto negativo, y más en un club que alardea de abogar por la igualdad entre sus miembros. La hermandad entre jugadores y cuerpo técnico no se rompe por si viene un jugador a disputar un partido o un entrenamiento.

En el Barça, como en muchos equipos, hay lo que se denomina un gran sentido de pertenencia. Los jugadores, y los técnicos, han de saber que forman parte de algo mucho más grande que ellos, y por eso tienen que reconocer al resto de miembros de su grupo como iguales.

El ejemplo que debe dar un entrenador queda lejos de unas declaraciones como: “No encuentro un aspecto positivo en que tengan que venir a estos partidos tan importantes para el equipo. Les doy el sitio y el lugar que merecen a mis jugadores”.

Otra vez, ¡mal jugado!

En estas edades Víctor, tu equipo son todos.

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