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Cerrado por vacaciones

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La Ronda se marcha de vacaciones. Lo hace para volver todavía con más fuerza dentro de unas semanas. Informándonos acerca de toda la actualidad futbolística desde primera hora de la mañana. Y que mejor momento que este para hacer un artículo resumen de lo que ha sido la temporada. Un año deportivo en el que los seguidores barcelonistas creíamos haber conformado un equipo de garantías para volver a ganarlo todo. Para finalmente darnos de bruces con una realidad que ha dejado en evidencia a algunos de los jugadores azulgranas.

Nos faltaba fondo de armario. En eso parecíamos estar todos de acuerdo. Con un once inicial prácticamente inmejorable el Barça debía aumentar el nivel de su banquillo. Y eso fue lo que hizo. O al menos lo que intentó. Se ficharon jugadores que parecían muy válidos para esta labor. Nombres que no parecían poder optar a la titularidad pero que debían ser vitales actuando como relevos de los pesos pesados del equipo. Pero a la hora de la verdad ni André Gomes, ni Lucas Digne, ni Denis Suárez, ni Paco Alcacer lograron ese cometido. Tan solo la apuesta de Umtiti demostró ser un acierto. Un jugador con una proyección mayúscula que nos ha maravillado con su mezcla de potencia, velocidad y compromiso. Quizás debido en parte a que no estamos demasiado acostumbrados a que el fichaje de un semidesconocido nos salga así de bien.

El descalabro en la gestión de altas y bajas empezó a gestarse hace ahora un año. Permitiendo la marcha a coste cero de Dani Alves, regalando a un goleador como Sandro y malvendiendo a un central joven y barcelonista hasta la médula como Bartra. Creíamos haber descubierto al nuevo Cafú. Sergi Roberto realizó grandes partidos como lateral derecho, haciendo olvidar en parte al bueno de Alves. Pero el paso del tiempo jugó en su contra. Demostrando que el de Reus era un magnífico parche para solventar alguna baja puntual en dicha posición, pero también mostrando sus carencias en una demarcación en la que apenas había acumulado 10 o 15 partidos hasta la fecha.

A todo esto el Real Madrid parecía no haber cambiado mucho respecto a los últimos años. Ganaba sus partidos sin brillo, pero los ganaba. Cuando no era Ramos en el tiempo de descuento era alguna decisión arbitral. Y cuando estos factores no aparecían era la pegada de sus jugadores la que le bastaba para sumar de tres en tres tanto en España como en Europa. El Barça combinaba actuaciones memorables con partidos decepcionantes. Nos colocaba la sonrisa en el rostro para pocos días después quitárnosla de forma cruel. Como si de un ser bipolar se tratara fue capaz de dejarnos sin voz con una remontada antológica ante el PSG, para cuatro días más tarde sangrarnos la úlcera con una derrota bochornosa en Riazor. Durante un tiempo los partidos del conjunto de Luis Enrique volvieron locas a las casas de apuestas, que eran incapaces de vaticinar qué versión mostraría el equipo para considerarlo favorito o todo lo contrario.

A pesar de eso el Barça fue capaz de ganar en los campos más complicados de la Liga, incluido el Bernabéu. Para dejarse el campeonato en encuentros en que sin saber por qué al equipo se le fundían los plomos. Pero fue en Europa donde el FC Barcelona se mostró más débil. Las derrotas abultadas en París y Turín fueron la viva imagen de la impotencia, dos partidos en los que después de mucho tiempo el rival aplastaba al Barça sin ningún tipo de dificultad. Fue en ese momento cuando empezamos a abrir los ojos. A darnos cuenta de que algo no funcionaba. Luis Enrique fue el primero en admitirlo, anunciando que no seguiría al frente del equipo. Aun así albergábamos la esperanza de despedir la temporada de forma triunfal con algún título importante combinado con la eliminación del Real Madrid en Europa.

Finalmente fue mucho pedir. El Barça cerró el año con una meritoria Copa del Rey. Un título que hubiera resultado algo más satisfactorio si el eterno rival no hubiera sumado un trágico doblete de Liga y Champions. El parón veraniego nos está sirviendo para lamernos las heridas. Para recuperarnos de la enorme decepción vivida durante este curso 2016/17. Pero debería servirnos para algo más. Para asegurarnos de que no volveremos a pasar por lo mismo. Es momento de trabajar desde la dirección deportiva. De buscar los jugadores que el recién llegado Ernesto Valverde necesita para devolvernos a lo más alto. Y es ahí donde radica el problema. Depositar nuestra fe en aquellos que ya nos han fallado con anterioridad no es precisamente un hecho que nos aporte la confianza necesaria para pensar que el año que viene será completamente distinto. El club está en manos de quien está. Y eso amigos es más peligros que el mismísimo Real Madrid. Pasen ustedes un feliz verano.

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