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Del dicho al hecho…

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Decía el “Premio Nobel de Economía” Milton Friedman que “Uno de los más grandes errores es juzgar a los políticos y sus programas por sus intenciones, en vez que por sus resultados”.

No hablaremos de políticos, o si; de política deportiva, pero al fin y al cabo de política. A unos diez días de las elecciones en Can Barça, hemos asistido al tradicional debate electoral entre candidatos, para conseguir el voto del indeciso (indeciso que únicamente quiere asociarse a un candidato que vuelva a poner al club en el sitio que le corresponde en Europa (5 años de sequía en las competiciones europeas), y no volver a oír hablar de los números de Messi ni de las maltrechas arcas que deben mantenerlo “on fire”.

Con una deuda de 1.173 millones de euros, de los que 730 deben pagarse a corto plazo, parece difícil que hubiera candidatos interesados en el puesto. Pero esto es el FC Barcelona y el puesto representa mucho más que un asiento en el palco de su eterno rival.

Tres candidatos al puesto, y con programas bastante similares, salvo puntualizaciones concretas.

Todos coinciden en dos puntos; el primero es la herencia deportiva que reciben con unas políticas de fichajes y salarios que han hipotecado el futuro del club. El segundo punto es la necesidad de acelerar las obras del Espai Barça para empezar a generar el nivel de ingresos que se espera de este proyecto. Quizás el más claro y conciso ha sido Joan Laporta, planteando la posibilidad de iniciar un periodo de exilio y jugar los partidos lejos del Camp Nou para poder tener el proyecto acabado en dos años (locura pensarán muchos de los lectores, pero siempre podemos frenar esa idea y jubilarnos viendo como compite en tiempos de ejecución con la siempre inacabada Sagrada Familia).

Y como en todo debate electoral, llega la bomba. En este caso de la mano de Toni Freixa, que ha asegurado disponer de un acuerdo por 250 millones (que necesarios en estos momentos) con un grupo inversor por el 49% del Barça Corporate (es decir, ingreso inmediato, pero reducción de ingresos futuros; lo mismo que Joan Laporta con la emisión de bonos antes de mayo; quizás la situación del club requiere de la creación de deuda para pagar deuda -nada que no haga ninguna empresa que se precie crecer o saldar sus cuentas-).

En cualquier caso, una vez elegido presidente, la afición culé seguirá aplaudiendo al nuevo gestor cuando lleguen los títulos, y abucheando cuando haya sequía, sin recordar el último informe económico que se presentase ni la razón u origen de dicha situación.

Esto es fútbol y el esférico marca el devenir de la empresa deportiva.

Ramon Robert @RamonRobert1971

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