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El Barça vence a la Real Sociedad en el último partido de Iniesta

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Habrá que esperar al otoño para saber qué muere en el alma de un azulgrana ahora que se ha consumado el adiós de Iniesta, un amigo de todos aquellos que aprecian un fútbol de categoría superior cocinado con humildad. De momento, Don Andrés ya es leyenda, y su último partido con el Barça ha tenido un guion cuidado, con menos sobresaltos que la despedida televisada del viernes. Titularidad, victoria barcelonista (1-0) y abrazo con el también apreciado Xabi Prieto, otro one club man que, en número de duelos vestido de txuri-urdin, se ha situado a la altura de Arkonada, Zamora, Górriz y Larrañaga: también a sus pies, aunque el técnico Imanol Alguacil no le haya permitido ser titular hoy.

Las fiestas suelen ser traidoras para el conjunto local que las celebra, y la Real Sociedad, que se jugaba en este duelo acabar como el mejor equipo vasco de Primera, ha dado trabajo a Ter Stegen con un golpe de cabeza de Willian José, frecuente azote azulgrana (2′), y un chut de Adnan Januzaj después de una acción individual desde la banda derecha (7′). El primer remate azulgrana (9′) ha sido de Iniesta, en consonancia con el escenario, puesto que en el momento del chut lucía en el gol norte una enorme composición de agradecimiento y reconocimiento hacia el de Fuentealbilla.

Los primeros minutos han sido trepidantes, a la altura de lo que se esperaba. Y todo era apropiado: Piqué ha desaprovechado una buena oportunidad, a la salida de un córner. La centrada ha sido de Dembélé, que también ha servido una pelota muy dulce para la entrada en velocidad de Rakitic desde el interior; el croata ha rematado con virulencia, pero desviado (26′). La iniciativa ha sido azulgrana, pero la Real Sociedad también sabía ser vertical cuando hacía falta y Mikel Oyarzábal (30′) ha enviado un remate a la media vuelta cerca del palo izquierdo de la portería local. En varias ocasiones, los donostiarras han sabido explotar la debilidad de Yerry Mina, sentado con un dríbling seco por Januzaj antes de que Oyarzábal no supiera culminar la jugada (38′) y permisivo ante un remate de Willian José desde la frontal (39′).

El homólogo blanquiazul de Mina, Raúl Navas, se ha situado en el otro extremo. En el minuto 42 de un duelo irrelevante, ha abortado una cursa de Dembélé por la banda con una entrada tan innecesaria como escalofriante al tobillo del extremo francés. Navas ha recibido, por parte de su paisano Munuera Montero, el mismo castigo que Luis Suárez, tarjeta amarilla: el uruguayo ha visto la quinta amarilla para protestar de la temporada. La acción del sevillano, de difícil justificación, ha ensuciado la sólida prestación defensiva de su equipo en la primera mitad y, a pesar de haber el descanso por el medio, ha obligado a la sustitución de Dembélé por Denis Suárez (53′).

Las sonrisas han vuelto pronto en el Camp Nou. Philippe Coutinho ha podido inventarse su jugada favorita, situándose en el interior izquierdo, cerca del área, revolviéndose y alojando el esférico cerca del palo largo con una rosca con la derecha: un golazo (56′), su séptimo en el campeonato, octavo si se contabilizan las dianas según las actas arbitrales. El acierto del brasileño ha tranquilizado al Barça, hasta el punto que se podía debatir quién firmaría el gol número 100 del Barça este campeonato y el número 6.000 en los 90 años de historia de la Liga, que finalmente no ha llegado. Lo han probado Rakitic y Piqué con remates flojos o desviados, y lo ha tenido muy al alcance Denis Suárez (68′), que no ha sabido rematar una interesante asistencia de Leo Messi, sustituto de Coutinho. El argentino, favorito para la consecución estadística, ha enviado un golpe hacia las manos de Moyà (76′).

La Real Sociedad ha estirado líneas para buscar el empate, y ha estado a punto de encontrarlo en un chut cruzado de Illarramendi que se ha ido fuera por muy poco (80′). Ha sido en este momento cuando se ha producido la imagen de la noche, la sustitución de Andrés Iniesta, cargada de emotividad y de símbolos. Los 84.000 espectadores que estaban en el Camp Nou cantaban el nombre del manchego mientras este entregaba el brazalete de capitán a Leo Messi y abandonaba el terreno de juego con los ojos húmedos, lentamente, como si quisiera congelar el instante, saludando a los forofos sin mirar a ningún punto en concreto y a todos al mismo tiempo. El conjunto donostiarra, en que Xabi Prieto ha podido disputar los últimos cinco minutos, parecía el único centrado en el partido, ante un Barça emocionado y una parroquia que no paraba de repetir melódicamente el nombre de su capitán. Pero los de Valverde, al menos, han sabido conservar la ventaja, y la imbatibilidad en el Camp Nou para homenajear a un Iniesta eterno, como posiblemente habría querido él que hubiera sido este último partido.

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