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El sueño de una noche de otoño

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Soñar es maravilloso. Dejar la mente volar para dibujar escenarios o situaciones irreales que en la mayoría de las ocasiones deseamos con todas nuestras fuerzas. Convertirnos por unos momentos en aquella persona que siempre hemos deseado ser. Ricos, poderosos, altos, guapos… y todo aquello que queramos añadir a nivel personal. Pero soñar también tiene su parte negativa. Y es que cuando uno se despierta y se da cuenta de que todo ha sido un sueño entristece o se decepciona.

En este caso la palabra exacta no sería ni tristeza ni decepción, sino más bien resignación. Simplemente un bocado de realidad. Ya que centrándonos en lo meramente deportivo despertar de un sueño tampoco puede ser algo trágico. Y es que soñar hoy en día en clave culé es toda una blasfemia. Puesto que todavía podemos afirmar sin avergonzarnos que disfrutamos de la era dorada del barcelonismo. Pero para los que somos inconformistas siempre existe algo que mejorar. Y pensando en esas mejoras es cuando uno deja volar la imaginación.

Tras disfrutar del Valencia-Barça del pasado domingo no pude evitar soñar despierto. El empate fue un buen botín para los azulgrana, ya que a pesar de una primera parte para enmarcar y del gol legal de Messi que se tragó el asistente, el partido se puso muy cuesta arriba y pudo perderse. Empecé por imaginar que Luis Suárez no había dejado de ser el Luis Suárez que todos hemos conocido. Que seguía entonado cara al gol y que no había perdido su olfato. Que seguía asociándose con Messi a las mil maravillas y que difícilmente picaba cayendo en algún fuera de juego.

El control que tuvo el Barça sobre el Valencia en los primeros 45 minutos chocó con las pocas llegadas de peligro claro. Y de nuevo soñé. Imaginando que Neymar no había pecado de egocéntrico el pasado verano y seguía enrolado en las filas del club. El brasileño hubiera hecho estragos en Mestalla y su marcha, por mucha animadversión que haya causado en el aficionado, ha mermado de manera importante la zona ofensiva del equipo.

Por último, el tándem formado por Semedo y Deulofeu en la banda derecha también hizo volar mi imaginación. Recordando tiempos no demasiado lejanos en que los dueños de ese carril eran Dani Alves y Leo Messi. Un lateral brasileño que abandonó el club de forma gratuita en lo que debemos admitir como un error propio y que se asociaba a las mil maravillas con el astro argentino.

Quizás no haya motivo para soñar. Quizás no haya motivo para creer que lo que tenemos se puede mejorar. Ya que el equipo es líder destacado en Liga, estará en el bombo de octavos en Champions como primero de grupo y estará en octavos de Copa. Pero el inconformismo es así. Obligándome a creer que si el equipo ofrece un gran rendimiento teniendo ciertas carencias no quiero imaginar qué ocurriría si los sueños de una noche de otoño se hicieran realidad.

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