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Equilibrismo con Deulofeu

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Deulofeu le tiene mucho cariño a Òscar Garcia, que fue su entrenador en el juvenil A del Barça. Y eso que no siempre lo pasó bien a sus órdenes. El hoy entrenador del Maccabi Tel Aviv le citó un día en su despacho, donde tenía preparado un video especialmente montado para él. Gerard acabó llorando y pidió al técnico que no lo enseñase a nadie. En aquellas imágenes se veía lo peor del de Riudarenes: exceso de individualismo, gestos poco apropiados, tomas de decisiones equivocadas…

Gerard Deulofeu ha sido siempre un diamante por pulir y Òscar ha sido uno de los técnicos que se han volcado en ello. En 2006, el delantero era el más joven –tenía 12 años­­­– de una serie de jóvenes promesas ­­­­­publicada por SPORT en la que también aparecían Bojan, Giovani o Crosas.

El Barça siempre ha sabido que en Deulofeu tenía a un futbolista especial, de esos que aparecen muy pocos en una década. Es tan consciente de ello que las faltas de indisciplina que cometió le hubieran costado su futuro de blaugrana a cualquier jugador. Pero no a él. El club ha hecho un esfuerzo titánico para encauzar a un talento único al que la Segunda División, con 18 años, se le está quedando pequeña. No ha sido fácil y no lo será porque su calidad nace también de su fuerte carácter competitivo, el mismo que le juega malas pasadas. Hace pocas semanas, tras ser sustituido, le costó reprimir el cabreo y lo logró por poco. El pasado sábado, ante el Numancia, Eusebio le cambió de nuevo y, esta vez, se lo tomó con deportividad a la hora de saludar a su técnico y también en la zona mixta: “No me sabe mal dejar el campo porque entra un compañero”.

Son detalles que pueden parecer insignificantes, pero que no lo son. Y mucho menos viniendo de alguien como Gerard Deulofeu, cuya mezcla entre carácter fuerte y talento es inseparable. Y ahí es donde el Barça deberá hacer equilibrismo con él. Para encauzar su personalidad sin restar nada de su fútbol. Deulofeu no es de los que le dan el balón al bueno porque toca, pero en algún momento deberá hacerlo y eso formará parte también de su aprendizaje como futbolista. Toni Montilla, que lo tuvo en el Alevín A, explicaba de él que “le he visto hacer cosas increíbles, como la jugada de Zidane de pisar el balón de dos veces y escapar del rival, o aquella de Djalminha con un sombrero con el talón”. El de Riudarenes es capaz de eso desde hace muchos años, pero ahora también deberá ser capaz de asentir cuando toque hacerlo. Solo porque toca. Si es capaz de ceder protagonismo sin perder capacidad de decisión sobre el césped, habrá futbolista de los grandes para muchos años. Y vestido de blaugrana, que es lo que el Barça persigue desde que llegó.

 

Fuente: www.sport.es

 

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