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Fiesta con resaca

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Sí señor. En un pacto con el mismísimo diablo todos hubiéramos firmado esta cláusula, la que nos concedía la histórica remontada acontecida el miércoles en el Camp Nou a cambio de una derrota en Riazor pocos días después. En menos de 96 horas hemos pasado del éxito deportivo más extasiante a una nueva decepción en forma de tropiezo. Pero lo cierto es que seguir adelante en Europa es algo con lo que muy pocos optimistas contaban, por los que el batacazo en tierras gallegas resulta menos grave cuando todavía a muchos nos dura el entusiasmo por la goleada ante el PSG.

La fiesta del año tuvo lugar en el escenario más exclusivo, un espacio de moda donde en los últimos años se han vivido auténticos espectáculos. El equipo se preparó para la ocasión, debía ser una gran noche, y así lo fue, salió todo a pedir de boca y todos los que estuvieron allí presentes la recordarán como una de las mejores fiestas de la historia. Pero como ocurre en muchas ocasiones la mañana siguiente ha sido dura. La espesura digna de una resaca en toda regla se ha encargado de que, en parte, maldigamos el momento en que perdimos el control de la celebración.

La derrota en Coruña es un claro ejemplo de resaca deportiva, de aquellas que no permiten dar un pase certero a jugadores de calidad contrastada. La imagen del equipo un fue buena, todo lo contrario, fue una mezcla de apatía e impotencia. Messi desaparecido, Arda desacertado ante la presión que suponía sustituir a la mejor versión de Neymar. Un centro del campo ausente, con jugadores como Denis Suárez y André Gomes, alejados a años luz del nivel que requiere una línea vital en el juego culé. Y una defensa que concedió dos goles en los minutos claves de ambas partes. Un cúmulo de despropósitos que acabó con un tropiezo que puede valer una Liga.

A falta de muchos puntos por disputarse la competición no está todavía decidida. Cierto es que el Real Madrid vuelve a depender de sí mismo, ya que, tras denunciar el arbitraje del Barça-PSG, recibió su trigésimo novena ayuda arbitral de la temporada. Pero los blancos tampoco están para tirar cohetes. El único problema es que el Barça genera tantas dudas como meses atrás. El sprint final que todos esperábamos no acaba de llegar, y por ahora la idea de que los azulgranas sumen todo los puntos que quedan por disputarse en cuanto menos poco probable.

Lo que sí queda claro es que esta derrota duele menos de lo que hubiera dolido estando fuera de Europa. Al fin y al cabo sigues en la lucha por la Liga, estás vivo en Champions y esperando la final de Copa. Por supuesto que podía ser mejor, pero tal y como pintaba todo a cinco minutos de que acabara el Barça-Leganes, esta situación es francamente aceptable. Todos hemos pasado alguna vez alguna mañana de resaca, momentos complicados en que uno intenta recordar lo sucedido la anterior noche. Se pasa mal, de acuerdo, pero cuando empiezas a recordar, la diversión y el desenfreno vividos valen cualquier tipo de dolor de cabeza.

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