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La cruda realidad

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La semana pasada fueron convocados los equipos de 2ª B que están clasificados o con opciones de clasificarse para la nueva categoría que arranca como paso previo a la división de plata de nuestro fútbol (1ª RFEF), con el objetivo de presentar la nueva estructura y sistema de competición de la categoría, a la par que los esperados ingresos que se habían anunciado -o más bien proyectado- al inicio de temporada.

De unas expectativas que llevaron a un gran número de clubes a realizar fuertes inversiones para asegurar la clasificación al nuevo oasis futbolístico a partir de la temporada 2021/22, a una realidad que dejará muy tocados a algunos clubes, que se movieron en base a unas expectativas recibidas que a día de hoy se va confirmando que no será lo esperado.

En lo que respecta a estructura de competición, esta se dividirá en dos grupos de 20 equipos, distribuidos por criterios geográficos, de los que el primero de cada grupo ascenderá a LaLiga SmartBank directamente, mientras que las dos plazas restantes se disputarán mediante playoff en sede única entre el segundo y quinto de cada grupo.

Hasta aquí todo según lo esperado; el problema aparece cuando se informa a los clubes de los requisitos que deben cumplir para poder participar, y uno lo cuadra con los ingresos que se esperan de la competición (los números no cuadrarán a una gran mayoría de clubes).

Para poder participar en la nueva categoría la próxima temporada, se tendrá que adaptar la iluminación del estadio (para los entendidos en bombillas y otros quehaceres domésticos, se requerirá un mínimo de 600 lux en cada estadio), cada club deberá presentar un aval mínimo de 200.000 euros (que se verá incrementado según el presupuesto del club), la exigencia de un presupuesto mínimo del club y ceder los derechos de televisión a la RFEF para su comercialización de manera centralizada. Ya no hablemos de los requisitos que se incorporarán en las temporadas posteriores, que obligarán a los clubes a adaptar los estadios para la asistencia de 4.000 espectadores, campos de césped natural a partir de la temporada 2022/23, y el límite salarial que está trabajando para ser implementado (eso sí; del famoso VAR nada de nada, ya que su implementación no está prevista a corto plazo).

Es decir, un gran esfuerzo para muchos, en el que solamente se sentirán cómodos los equipos filiales que ya disponen de un soporte financiero de sus hermanos mayores que compiten en las dos categorías del fútbol profesional (recordemos que finalmente se anunció que la nueva categoría deportiva no será profesional, quizás viendo los ingresos que finalmente se repartirán).

Llegados a los ingresos, solamente se confirmó una ayuda por desplazamientos de 50.000 euros -nada de los esperados derechos de TV que al inicio de temporada apuntaban a cifras más cercanas al millón de euros que a la cifra final que se baraja por debajo del medio millón-. Para tranquilidad de los asistentes, se está trabajando en el naming right de la competición y el balón oficial, pero no hay nada cerrado que augure unos ingresos que compensen el esfuerzo realizado.

Queridos clubes, bienvenidos a la cruda realidad.

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