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La flor y el banquillo

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Por enésima vez esta temporada, el Real Madrid de Zinedine Zidane volvió a aprovechar su puntería en los últimos segundos de partido para llevarse la victoria en un encuentro de Liga. Para desesperación de la afición azulgrana, que albergó esperanzas por unos instantes acerca de un posible tropiezo blanco, el gol de Isco en tiempo añadido volvió a valer tres puntos, y sentenció un poco más una Liga que cada vez parece más inaccesible para un Barça que ha cometido demasiados errores ante rivales a priori asequibles.

Si el Real Madrid no pierde seis puntos de aquí a final de Liga, tres de ellos ante el Barça, los hombres de Zizou se coronarán campeones de la competición que premia la regularidad. La cuestión es que la imagen que transmite el conjunto merengue no se asemeja con la de un equipo regular, todo lo contrario, pero los favores arbitrales, los goles en tiempo de descuento y la pésima versión culé en momentos trascendentales de la temporada lo convertirán casi con total seguridad en el “mejor” conjunto de la liga española.

Pero sin duda existe un factor, aparte de la famosa flor de Zidane, que ha resultado este año de vital importancia a la hora de marcar las trayectorias de merengues y azulgranas. El banquillo se ha encargado de desnivelar la balanza entre ambos equipos, de debilitar la fortaleza del FC Barcelona y de disimular la debilidad del Real Madrid. El banquillo blanco es sin duda un cúmulo de recursos, compuesto por jugadores que, excepto en el caso de Danilo por Carvajal, pueden aportar tanto o más que el jugador al que sustituyan. Nacho, Kovacic, Isco, James, Lucas y Asensio han demostrado a lo largo de la temporada que cuando Zidane les ha necesitado ha podido contar con ellos.

Al otro lado del puente aéreo ha sucedido todo lo contrario. A principio de temporada creíamos que el Barça había conseguido paliar con cinco fichajes uno de sus grandes problemas, la falta de fondo de armario. Pero a la hora de la verdad tan solo Umtiti ha cubierto e incluso superado las expectativas, el resto de altas como Digne, Denis Suarez, André Gomes y Alcácer no han aportado nada de lo que de ellos se esperaba, convirtiendo el conjunto de Luis Enrique en un equipo con un once titular soberbio pero sin piezas fiables de recambio.

Al borde de la eliminación en Europa y con pocas posibilidades de revalidar el título de Liga es cuando nos acordamos una vez más de la deficiente gestión a la hora de fichar jugadores. Con un banquillo competente es probable que el desenlace de la temporada hubiera sido otro muy distinto. Pero volvimos a elegir mal, volvimos a comprar caro y sin garantías de éxito. Y nos las volvimos a pegar donde casi siempre, en un año en el que la falta de puntería con las altas nos ha perjudicado más que nunca.

Si además tenemos en cuenta que alguno de los jugadores que desnivelan la balanza en favor del Real Madrid como Isco o Asensio fueron descartados por la dirección deportiva culé, todavía escuece más la falta de recursos en el banquillo del Camp Nou. No hay más remedio que acabar la temporada de la manera más digna posible, esperando algún milagro en Liga y Champions e intentando sumar una nueva Copa del Rey al palmarés que evite un año en blanco. Eso y desear no tener que preguntar aquello que preguntaba aquel adorable abuelo en un anuncio de vehículos 4×4 de hace unos años… “¿Y el Madrid qué? ¿Otra vez campeón de Europa?

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