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La Liga de la impotencia

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Para el espectador neutral la Liga Santander está de lo más interesante. Con una diferencia mínima de puntos entre Barça y Real Madrid todo apunta a que este final de temporada será de los más ajustados que se recuerdan. Rápidamente nos vienen a la mente las ligas de Tenerife, Riazor y Granada, u otras con un final no tan feliz como la del “Tamudazo”, campeonatos todos ellos en que el título se decidió en la última jornada. Este año va camino de eso, de que el trofeo que premia a la regularidad se decante para un lado u otro en los últimos instantes, algo que pondrá a prueba la salud coronaria de más de un seguidor.

La afición blanca lo vive con la angustia de saberse favorita pero sin tener ningún margen de error, una situación nada agradable pero por la que pagaría todo aficionado azulgrana. Si los de “Zizou” no pierden un partido o empatan dos de los cuatro que le restan el Real Madrid se alzará como campeón de una de las ligas que han creado más impotencia en el seno barcelonista. La sensación que queda en Can Barça, después de ver como un año más el equipo conquistaba el Bernabéu, es la de que el FC Barcelona ha tirado la liga a la basura con una serie de actuaciones denunciables en cualquier comisaría de policía.

Analizando el campeonato de los hombres de Luis Enrique nos damos cuenta de que este Barça se ha dejado la liga en tropiezos imperdonables, en estadios en los que sí se puede perder pero nunca con la imagen que el equipo ha transmitido. En el Benito Villamarín los azulgranas fueron objeto de un robo a mano armada, puesto que el árbitro no concedió un gol que había entrado un metro en el marco de Adán, pero el equipo estuvo aletargado durante más de 70 minutos, y tan solo reaccionó cuando le vio las orejas al lobo después del 1-0.

En Riazor tres cuartos de lo mismo. Con la excusa de la histórica remontada ante el PSG el Barça saltó al césped en Coruña para hacer acto de presencia. No mereció la victoria, no luchó por ella y acabó claudicando ante un Deportivo al que le bastó con darlo todo para evidenciar la bipolaridad culé de esta temporada. Y qué decir de Málaga, el estadio en el que la indignación nos inundó hasta desesperarnos. Tras el tropiezo blanco que necesitaban los azulgranas para depender de ellos mismo llegó el bochorno de La Rosaleda, donde una vez más la poca intensidad y la falta de recursos se encargaron de noquear al Barça en un partido para olvidar.

A esto hay que añadirle los puntos que se perdieron en la primera vuelta en el Camp Nou ante Alavés y Málaga, dos partidos en los que los de Luis Enrique tampoco estuvieron nada finos. Después de todo esto el Barça está vivo en la Liga, algo que se debe a que se ha ganado en estadios tan complicados como los de Real Madrid, Sevilla, Atlético de Madrid, Athletic Club o Valencia, y que deja en evidencia que este campeonato es muy probable que se acabe perdiendo por haber afrontado de manera incorrecta partidos en los que el Barça era inmensamente superior a su rival.

De ser así esta liga será recordada como la liga de la impotencia, la competición en la que los azulgranas demostraron ser mejores que sus rivales directos pero incapaces ante equipos de la zona media/baja de la tabla. En menos de un mes saldremos de dudas y sabremos si finalmente el fútbol nos hace un guiño con un tropiezo blanco o si por el contrario maldeciremos aquellos días en que Goliath no fue capaz de doblegar a David.

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