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La noche más triste de Iniesta

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Andrés Iniesta vivió anoche una de sus jornadas más tristes. El capitán azulgrana, decisivo en muchos partidos de Champions League para rubricar triunfos del Barça, pasó ayer un calvario sobre el campo y tragó bilis desde el banquillo cuando, ya sustituido, vio cómo la Roma marcaba el tercer y fatídico gol.

A sus 33 años, Andrés soñaba con levantar en Kiev, el 26 de mayo, su primera Champions como capitán. Andrés tiene cuatro en su gran currículum (2006, 2009, 2011 y 2015) pero esta hubiese sido la primera que él habría recogido de manos del presidente de la UEFA portando el brazalete. La última conquistada por el Barça, en Berlín, la alzó Xavi Hernández, en su último partido como azulgrana.

Iniesta saltó al campo como titular en la teórica posición de interior izquierdo. Allí intentó mantener el balón para el Barça, ante la agobiante y sostenida presión de la Roma. Andrés lo intentó, trató de desequilibrar a su manera, escondiendo el balón y lanzándose a romper líneas de presión. Pero los jugadores de la Roma estuvieron más intensos que los azulgrana. Mordieron como nunca y desconectaron con sus coordinadas embestidas el juego de los futbolistas azulgrana. Por culpa de este ‘pressing’, el portero y los centrales del Barça se vieron obligados a jugar muchas veces en largo, con lo que ello comportaba de dificultad añadida para los medios culés, con menos físico que sus rivales.

Los datos colectivos e individuales así lo demuestran. El Barça perdió la posesión. Por poco, pero la perdió, con lo que la Roma tuvo más la pelota. Y en el caso de Iniesta, sus números resultaron exiguos. Hombre habituado a tocar mucha pelota, sólo se le contaron 25 pases buenos de 28 intentados. A quien más buscó fue a Messi, con seis pases, y el que más le buscó a él fue Busquets (12).

Pese a no tener demasiado protagonismo, Iniesta recibió cinco faltas, detalle que habla de que trató de mantener la pelota y jugarla con peligro. El manchego hizo sólo una. El de Fuentealbilla vio el cartelón con su dorsal, el ‘8’, en el minuto 81 de partido. Se fue hacia el banquillo sustituido por André Gomes con una mueca de disgusto en su rostro porque a él le gusta estar en el campo, sobre todo, en los malos momentos. En la zona de los suplentes vivió de pie y en tensión el trágico final de su equipo.

 

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