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Optimismo vs realismo

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La afición del FC Barcelona ha sido considerada durante muchas décadas como una masa social insegura y pesimista. Las finales perdidas en Copa de Europa y las habituales épocas de sequía a lo largo de la historia del club, se encargaron de que la gran mayoría de los seguidores azulgranas creyeran que, como bien dice la Ley de Murphy, “ Si algo puede salir mal, probablemente acabe saliendo mal”

Las cosas han cambiado con el tiempo. El Barça de Cruyff, el de Ronaldinho y Rijkaard, el de Guardiola, las Champions de Londres (x2), Paris, Roma y Berlín… se han encargado de que los seguidores culés ganasen en confianza, incluso hasta el punto de autoproclamarse favoritos en todas y cada una de las competiciones en las que tomaba parte su equipo. La prueba fehaciente de que todo ha cambiado en los último 25 años es que a día de hoy todavía hay barcelonistas de pro que aseguran que el Real Madrid no ganará nada este año, a pesar de encontrarse a tan solo 180 minutos de poder firmar un doblete de Liga y Champions.

Esta misma situación, transportada a finales de la década de los 80, tendría un resultado completamente distinto. El 99,9% de los aficionados azulgranas aseguraría con creces que los blancos sumarían dos trofeos más a su palmarés, que no habría posibilidad alguna de que el milagro se obrase y el conjunto merengue cerrara el año completamente en blanco. Pero durante estos años hemos visto muchas cosas que invitan a soñar.

Hemos sido testigos de como Jose Mari Bakero, con apenas 1,72 metros de altura, se elevaba por encima de varios alemanes que le sacaban dos cabezas, para llevar al Barça hacia su primera Copa de Europa en el tiempo de descuento. Hemos creído en lo imposible viendo como hasta 3 ligas consecutivas se decantaban del lado culé en el último suspiro, cuando ya nada ni nadie albergaba esperanzas de que así fuera. Miramos al cielo y dimos las gracias porque el Dios del futbol decidió bajar a Stanford Bridge hace ahora 8 años, para convertir la justicia divina en disparo, un trallazo que nos elevó al séptimo cielo y nos hizo creer de nuevo en los milagros. Y por que hace menos de un mes volvimos ver algo inverosímil cuando un gol de Messi en la última milésima de segundo nos brindaba la victoria en el Bernabéu y el derecho a soñar con una liga imposible.

Es cierto, pensar que este campeonato acabará en las vitrinas del Camp Nou es poco más que soñar despierto. Después de ver como se han desarrollado los últimos partidos del Real Madrid y lo poco que se juegan Málaga y Celta en los encuentros que le restan a los blancos parece claro que la Liga este año será blanca. En esta ocasión no puede haber pesimistas, tan solo optimistas y realistas. Puesto que pensar que el Barça acabará levantando el trofeo que premia la regularidad puede considerarse optimismo enfermizo, y pensar que no será así puede entenderse como realismo pudo y duro. Optimistas cada vez quedan menos, que ven como las balas en la recámara se acaban y los de “Zizou” están lejos de dejarse 3 puntos en dos desplazamientos más que asequibles por las condiciones de los locales. Y realista cada vez hay más, que van digiriendo resignados que los errores de un Barça desdibujado e irregular acabará haciendo campeón al eterno rival.

Si me preguntan a mí les diré que el Real Madrid será campeón, tanto de Liga como de Champions. Todo indica a que los blancos superarán, incluso con facilidad, los escollos de Balaídos y La Rosaleda. Y que a pesar de tener que doblegar a la mejor Juve de los último tiempos en Cardiff, estos tirarán de ese cúmulo de circunstancias que suelen hacer que salgan victoriosos de toda final en Europa. Creo que el Real Madrid ganará el doblete sí, pero también es verdad que en el fútbol todo es posible y existen multitud de antecedentes que así lo confirman, confiar en los milagros es lo único que nos queda.

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