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Reformas Florentino S.A

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El pasado fin de semana dio para mucho. Vimos al Barça disfrazado de Real Madrid, superando al Athletic Club por un marcador claro que no reflejó para nada lo que se vio en el terreno de juego. Los de Luis Enrique llegan al tramo decisivo de la temporada gobernados por una bipolaridad preocupante, capaces de mostrar cambios de personalidad dignos de los mismísimos Doctor Jekyll y Mr.Hyde en un mismo partido, algo que ya sucedió ante Betis y Atlético de Madrid.

Vimos como el Sevilla perdía comba en la lucha por la Liga. Los de Sampaoli fueron incapaces de doblegar a un correoso Villarreal y suman tan solo un punto de los últimos seis disputados, un pobre porcentaje que pone en duda la candidatura de los andaluces a pelearle el campeonato a Barça y Real Madrid. Con un calendario que obliga a los hispalenses a visitar el Santiago Bernabéu y el Camp Nou en esta segunda vuelta cualquier punto perdido en un lastre demasiado pesado para el buque sevillista.

Vimos a un Atlético de Madrid que se reencontraba con la victoria después de encadenar tres empates y una derrota en sus últimos cuatro partidos. Los de Simeone vencieron al Leganés pero no despejaron una sensación latente en el Vicente Calderón, la de que este Atlético deberá aferrarse de nuevo al sueño de la Champions ante la imposibilidad de mostrarse regular ante una competición de largo recorrido.

Y a quien no vimos fue al Real Madrid. El partido entre los blancos y el Celta no pudo disputarse a causa de unos desperfectos en la cubierta del estadio vigués provocados por el fuerte temporal que azotó Galicia el pasado fin de semana. La suspensión del encuentro parecía la opción más lógica ante dichas circunstancias, pero para el Real Madrid el aplazamiento del choque ha significado un insulto y una falta de respeto por parte de la federación y el ayuntamiento Vigo.

Durante algunos días hemos tenido que leer y escuchar las opiniones de todos y cada uno de los lacayos de Florentino. Algunos pedían explicaciones indignados, insistiendo en que la cubierta de Balaídos se hubiera podido arreglar, aunque ello hubiera implicado que algunos operarios mileuristas se jugaran la vida a 50 metros de altura y con vientos huracanados, solo para que don Florentino pudiera ver saciada su sed de poder. La salud de la plebe era lo de menos, lo único que importaba era que el Madrid pudiera disputar su partido ante un Celta plagado de suplentes, en un estadio en el que pocos días atrás apenas habían logrado sumar un empate en el tiempo de descuento.

El mismo hombre que en su día se amparó en unas supuestas obras en los excusados del Santiago Bernabéu para no ver al FC Barcelona levantar una Copa del Rey sobre su césped, exigía esta vez que se arreglara una cubierta a toda prisa y bajo una lluvia incesante. Por una vez el mandamás blanco no se salió con la suya. El alcalde de Vigo no se dejó influenciar por la arrogancia y el poder de Florentino y el encuentro fue aplazado hasta nueva fecha, algo que no ha gustado en la capital, donde todas y cada una de las marionetas periodísticas de “Flo” han salido en defensa de su amo y señor.

Y digo yo, si tanto interés tenían los Pedrerol, Juanma Rodríguez y compañía en que se jugará el encuentro de Balaídos, podían haber subido ellos mismos a reparar la cubierta, al fin y al cabo como asalariados del presidente blanco también forman parte de Reformas Florentino S.A.

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