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Sergio Busquets se ha ganado el rol de jugador imprescindible

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Sergio Busquets volvió a ofrecer a la afición del Camp Nou una actuación magistral en términos de control, pausa, entrega, posición, recuperación de balones y, sobre todo, inteligencia y personalidad.

Porque, desde que llegó al primer equipo siendo un diamante en bruto (pero muy, muy en bruto), lo que ha demostrado Sergio es que en el eje del equipo, justo detrás de la zona mágica de los interiores, él es el amo: nada ni nadie se mueve en esa zona del campo sin contar con su su consentimiento.

El de Badia fue una apuesta personal del tándem Guardiola-Vilanova, que habían apreciado las virtudes del joven ‘Busi’ en su año en el filial barcelonista, en Tercera División. De hecho, Pep ya conocía a Sergio desde que era niño, puesto que compartía vestuario con su padre en el Dream Team.

Tan exquisitas referencias tal vez ayudaron a Sergio a que Pep lo mirara con buenos ojos, sobre todo en sus inicios como azulgrana, pero la credibilidad se la ganó a pulso él a base de su capacidad para hacer sencillo lo que parece tan difícil, una cualidad que al fin y al cabo es la virtud que más aprecia Pep.

Como un veterano

Sergio, sobre todo, se comportaba con veinte años con la autoridad y los movimientos de un veterano y los técnicos, ya en su etapa en el filial, vieron en él un futuro capitán del primer equipo por su personalidad en el campo y por la tranquilidad con la que afronta cualquier situación. Sergio Busquets lleva el oficio en la sangre y lo transmite en todas y cada una de las acciones que desarrolla en el campo.

Hoy, Busquets es sinónimo de clase y eficacia, es apreciado por todos los técnicos del mundo e incluso en Arabia Saudí hay futbolistas que le dedican goles.

Su adaptación innata a la forma de jugar del Barça (aunque llegó ya algo mayor, procedente del Jabac tras un paso por el Lleida cuando su padre era portero en el primer equipo de la capital del Segrià) y la confianza que Guardiola y Tito depositaron en él le dio ventaja sobre un monstruo como Touré Yaya, con quien compartió demarcación durante dos años.

A la tercera temporada, Busquets era ya indiscutible, y lo sigue siendo, como miembro de la mejor línea media del mundo: Busquets-Xavi-Iniesta. Lleva tres años sin lesionarse y se pierde partidos sólo por sanción o por rotaciones.

 

Fuente: www.mundodeportivo.com

 

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