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Sergio Ramos no acepta que se le acuse de pesetero

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Sergio Ramos confesó este martes, en MARCA, sentirse tranquilo ante la situación suscitada sobre su futuro. Pero realmente no lo está. No lo puede estar. La trascendencia mediática que ha alcanzado la falta de negociaciones para prolongar su contrato con el Real Madrid o, en su defecto, una posible salida inmediata del club al que llegó hace diez temporadas le tiene especialmente sensibilizado e indignado.

El segundo capitán del Real Madrid intenta entender, sin conseguirlo, cómo se puede llegar a situaciones tan extremas y a campañas tan agresivas. Y no parece estar dispuesto a admitir que que su afición pueda pensar que es un pesetero.

Tampoco acepta que se pueda dudar de su compromiso e identificación con el club y, por encima de todo, no quiere bajo ningún concepto pasar en un futuro cercano por una situación parecida a la que pudieron vivir otros jugadores que marcaron una época en el club y no salieron como era de esperar, como pueden ser los casos de Fernando Hierro, Raúl González y el más reciente el de Iker Casillas.

Sólo cinco meses para pasar del amor al odio

«Lo quiero dejar claro. Mi entorno soy yo y no hemos pedido ninguna renovación, no corre prisa, tengo dos años de contrato. Saben que quiero seguir mucho tiempo aquí y no me veo con otra camiseta que no sea la del Real Madrid». Palabras textuales de Sergio el pasado 31 de enero, después del partido contra la Real Sociedad.

Cinco meses después, el central mantiene intacto su madridismo pero no tiene tan clara su continuidad, a pesar de restarle dos años de contrato. Las circunstancias han cambiado de manera drástica y su relación con el club, principalmente con Florentino Pérez, su gran valedor e interlocutor hasta ahora, no es ni buena ni mala. Es inexistente.

El discreto silencio de Ramos fue interpretado en voz baja pero con sinceridad absoluta en el micrófono de Radio MARCA por Pedro Riesco, que trabaja codo con codo con su hermano y representante, René.

«En este momento, con todo lo que está sucediendo, veo complicado que Sergio Ramos continúe en el Madrid. Se ha convertido en un emblema. Poco tiene que demostrar Sergio ante todo lo que se está diciendo, que por desgracia es mucho. Se manipula, se desprestigia a través de portavoces oficiosos que se comportan como auténticas marionetas, asegurando que Sergio Ramos no representa al escudo, que es un pesetero…».

Sin enfrentamiento directo, diferencias vía terceros

¿Qué ha sucedido en los últimos meses para que el jugador haya pasado de ser el ojito derecho del presidente a que no exista ningún contacto entre ellos? Aparentemente, no ha trascendido ningún enfrentamiento directo. La relación se ha deteriorado por lo que ambos han podido comentar públicamente en sus respectivos entornos, y que ha llegado a oídos de los interesados sin que ninguna de las dos partes realizara ningún esfuerzo para filtrarlo. Todo lo contrario.

Florentino Pérez siempre ha sentido predilección por el que fuera su primer fichaje nacional en agosto 2005, y nunca rehuyó expresarlo en público siempre que se encontraban. La identificación era recíproca. Sergio siempre mantuvo un feeling especial con el presidente, hasta tal punto que, durante muchos años, cuando había que tratar algún asunto importante, el vestuario le pedía al jugador que utilizara su influencia, al margen de su papel de capitán.

Más de una vez se ha escuchado en la caseta blanca como los compañeros le pedían a Sergio «llama a tu tito» para pedirle a Pérez un premio especial por diferentes motivos, algo que casi siempre acababa con el visto bueno presidencial y escenificado en un reloj de marca que el propio Sergio solía elegir, dado su buen gusto y criterio en la materia.

Sergio valoraría un gesto de cariño del presidente

Sergio ya sabe lo que es pasar una situación desagradable por un asunto contractual. No quiere volver a vivir una aventura parecida a la que sufrió en Sevilla, cuando Del Nido se negaba a su traspaso al Real Madrid y exigía el pago de la cláusula de rescisión para que el malo de la película ante la afición fuera el jugador.

Al final la operación se cerró como traspaso, pero el presidente siempre lo negó y Ramos sufrió durante los primeros años las iras del Sánchez Pizjuán. Ahora el sevillismo le aplaude y entiende aquel salto de calidad dado por el futbolista que dejó 30 millones en las arcas del club.

Sergio no quiere que en el Bernabéu se repita la historia. No quiere ser en este asunto el único malo de la película y en su fuero interno sabe que esta situación, cada día más enquistada, sólo la pueden solucionar Florentino y él sentados a solas y frente a frente. Un gesto de cariño o acercamiento del presidente podrían valer como un millón de euros en la negociación.

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Fuente: www.marca.com

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