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Si no quieres envejecer, por encima de todo, no seas entrenador del Barça.

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Últimamente lo hemos estado viendo, Valverde está más serio, más cerrado, se le nota cansado. En las ruedas de prensa, en muchas ocasiones, se le denota una mirada más caída de lo normal; no es el Valverde que fichó por el FC Barcelona años atrás.

El trabajo duro, la dedicación a tiempo completo, el estrés que genera trabajar con estrellas de nivel mundial, los periodistas, la afición y, sobretodo, las críticas, quedan reflejadas en el rostro del entrenador: el desgaste es absoluto.

 

Que si el entrenador no sabe hacer cambios, o no sabe gestionar los egos de la plantilla. Que si Valverde es el culpable de la dinámica actual del equipo, etc. Las críticas, muchas veces centradas en la figura del entrenador, existen en las victorias y se agudizan en las derrotas: y eso pasa factura, mucha factura.

El entrenador no puede ser débil, pero es que lo peor de todo es que no puede ni parecerlo, aunque tenga momentos de “flojera”, como todos. Aunque no puedan demostrar ningún tipo de debilidad, los efectos de la presión se visualizan en el entrenador, filtro entre lo mundano y su equipo, donde cuatro años de banquillo parecen quince. Por lo que cobra, ya podría hacerlo mejor, por lo que ha costado ya podría meter más goles, y un sinfín de frases de bar donde podríamos llenar páginas y páginas.

Pues bien, señores, a los entrenadores hay que cuidarlos, hay que mimarlos pero, por encima de todo, debemos comprenderlos. Basta de utilizar a los deportistas, y a los entrenadores como a carnaza, solo por si los resultados acompañan o no. No hay nada peor que verse sometido a un estado de indefensión aprendida, donde moverse está penalizado, quedarse quieto está penalizado y hasta respirar está penalizado.

 

El entrenador es un portavoz, un estandarte. Muchas veces, o siempre, para que el equipo no se vea influenciado por las críticas y los comentarios, es él quien se come los marrones. Es su trabajo, y lo acepta, pero la afición debería hacer un pequeño pensamiento al respecto, y el periodismo, y los seguidores que hablan horas y horas sin ver más allá de lo que es un entrenador: una persona.

Las personas cambian, dudan, y envejecen.

Dudar es humano, y los entrenadores lo hacen, pero parecen que no pueden decirlo, no sea caso que nos enfademos.

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