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Suárez y Coutinho hacen de Messi

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El Barça se paseó por La Rosaleda, en otro tiempo territorio hostil. No necesitó esforzarse en ausencia de su estrella indiscutible. Luis Suárez y Coutinho sellaron la victora que certificó Samuel García con una expulsión tan justa como absurda. En media hora se acabó la disputa con el colista.

Aunque el día nació con un asomo de esperanza malaguista por la baja feliz de Messi, no hubo opción. Los 50 puntos largos de diferencia entre líder y colista se reflejaron en el terreno de juego desde el inicio. No hubo pelea. La fortaleza azulgrana permite lujos semejantes.Entraron en el once Coutinho y Dembélé, y ambos aprovecharon la ocasión para lucir los recursos del líder. Los hombres de los 300 millones abrieron el campo y entraron con verticalidad y criterio. Su asociación en el segundo tanto (internada del francés con quiebro a Chory y centro a ‘Cou’ para que defina de tacón) promete abrir el abanico para Valverde.

Esa diana, al filo de la media hora, dejó bien claro que esta vez el Barça no sufriría en La Rosaleda. Poco queda de aquel conjunto intenso, con Sandro en punta, que derrotó por última vez en Liga a los azulgranas. Algún nombre, y poco más. Es un club derrotado donde su portero se sitúa por encima del naufragio general.De no mediar la mano milagrera de Roberto, Suárez habría marcado antes del 0-1. En la diana del uruguayo nada pudo hacer, a contrapié, ante un cabezazo seco y un centro extraordinario de Jordi Alba.
El lateral también fue protagonista en la definición del duelo. Suele abrirlos ofreciendo desmarques profundos a Messi, pero esta vez desbloqueó desde la otra perspectiva, metiendo una diagonal precisa al desmarque del compañero. El caso es que la hiperactividad de Alba por la banda calentó a Samu García, sorpresa en la alineación. Entró a destiempo, al tobillo. Tuvo suerte Alba. El árbitro hizo lo que debía, mandarle a la ducha.Error grave del jugador.

Pese a tener el duelo perdido, el Málaga reaccionó con coraje a la adversidad.Forzó un par de ocasiones potables, especialmente un cabezazo de En-Nesiry, a bocajarro, tras la pelea meritoria de Iturra, o en otra de Lacen, arriba en buena posición de tiro. La grada agradeció el esfuerzo del equipo y se dedicó a cantar el “Al Thani vete ya”, un clamor en Primera o en Segunda. El dueño no tiene quién le apoye. Total, que en el descanso el partido estaba liquidado.En otras circunstancias, el tanteador habría engordado considerablemente. No fue tan así por varios motivos. El primero, en el horizonte está el Chelsea y aunque uno no quiera, y visto lo visto con la entrada de Samu, no estaba el asunto para jugarse la pierna en unos minutos con poca gloria. El segundo, que Roberto aumentó su álbum de paradas de mérito, para frustración de Dembélé, que necesitaba un tanto.

El tercer motivo, y más sorprendente, fue que Valverde no movió el banquillo hasta bien entrada la segunda mitad. Invitaba la noche a ofrecer relevos y ofrecer minutos a quienes lo han merecido. No lo debió considerar apropiado el entrenador, que tiene a varios futbolistas ya en un papel secundario como poco. Denis o Alcácer están en esa tesitura nada cómoda en el equipo.Por eso no sorprendió que el primer relevo fuera André Gomes. Lo raro fue que el portugués se ubicara en el lateral diestro, con Aleix en el banquillo. Debe ser que al catalán lo ve más como extremo, porque relevó a Dembélé en los últimos minutos. Entró justo después de que Suárez forzara la amarilla para cumplir ciclo. Esta vez no se anduvo con tonterías. Puntapié a un rival en una disputa y listos. Quedó a criterio del árbitro el color de la tarjeta. El caso es que el partido se escurrió sin más. Uno no pudo y otro no quiso hacer más. El destino estaba escrito.

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