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Toca reflexionar

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La decepción del FC Barcelona en Turín invita a corregir muchos aspectos. No fue la primera vez que el equipo de Luis Enrique queda deshecho y ofrece una pobre imagen . Pero más grave que la dura derrota en el Juventus Stadium (3-0) fueron las sensaciones. El equipo afronta el tramo final de la temporada con muchas inseguridades y dando una imagen de fragilidad.

El propio Luis Enrique lo admitió al final del partido. El técnico asturiano, que en otras situaciones era el primer en animar el grupo, en esta ocasión apuntó que su equipo estuvo “nefasto” y que lo que vio en la primera mitad “fue muy grave”. De todas formas, igual cambió de estrategia y lo que buscó con estas contundentes palabras fue estimular a los futbolistas. El Barça no dio la talla y fue penalizado gravemente en Turín por una Juventus que, sin hacer un brillante partido, se aprovechó de la debilidad azulgrana, así como de las jugadas a balón parado, auténtico quebradero de cabeza para el equipo azulgrana, y no solo esta temporada…

No era un partido para arriesgar ni experimentar. Los números de la Juventus daban respeto como local y siendo una eliminatoria a doble partido había que administrarla correctamente para que se decidiera en el Camp Nou. No fue así. Y es que el once inicial no fue el esperado. Ni el esquema. El 3-4-3 dejó muchos espacios atrás. Mathieu fue otra vez uno de los señalados (especialmente en el 1-0 a los 7 minutos de juego) y la posición de Rakitic, en la punta del rombo para iniciar la presión alta, no fue decisiva. Con el croata tan adelantado el centro del campo azulgrana se difuminó.

El FC Barcelona no salió con la concentración ni la atención que el partido requería. No controló, especialmente atrás, con golpes de autoridad ni en ataque ni en defensa. El ejemplo de esta debilidad quedó en entredicho muy pronto, en el minuto 3, cuando Higuaín, de cabeza, firmó la primera oportunidad. Y en el 7, cuando Mathieu no supo como detener a Cuadrado para que entrara dentro del área, levantara la cabeza y asistiera con toda la tranquilidad del mundo a Dybala.

El argentino, igualmente, pese a la presencia de Iniesta, tuvo tiempo de darse la vuelta y pegar con la zurda para poner el balón lejos del alcance de Ter Stegen. El Barça fue castigado por la falta de intensidad y acabó pagando un severo correctivo al final del encuentro.

El tridente sumó en Turín el segundo partido sin ver portería. La MSN, que no marcó en la Rosaleda, siguió con su cruz en este encuentro de Champions. Ni Messi, Suárez ni Neymar destacaron en un partido en el que se espera lo mejor de ellos. Pero el argentino, que jugó más minutos escorado en la banda derecha que en el centro, apenas tuvo participación en el juego. Únicamente se puede contabilizar  una asistencia a Iniesta que pudo suponer el 1-1 y otra en el segundo tiempo a Luis Suárez. El uruguayo, por su parte, sin nutrirse de balones, únicamente luchó, pero poco más. Insuficiente para un delantero. Y el brasileño, estuvo irreconocible.

El encuentro tal y como se estaba desarrollando necesitaba de una segunda unidad para reaccionar. No obstante, parece que ni Luis Enrique tiene fe en lo que tiene en el banquillo. Únicamente acudió a André Gomes tras el descanso, y lo situó en la zona ancha, donde Mascherano no se sintió a gusto. Con el portugués en el pivote defensivo, el argentino pasó al lateral derecho y el equipo quedó más equilibrado, aunque incapaz de dar un giro al partido. Si en el banquillo no se tiene algún revulsivo o un cambio de estrategia no se genera sorpresa, es decir, no sucede nada y no se ve capacidad de reacción

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