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Una sangría que hay que detener

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Los números no engañan. Bueno, a veces sí. Depende de la interpretación que se haga de ellos. El Barça completó la mejor primera vuelta de su historia, en la que solo cedió un empate frente al Real Madrid. Los de Tito eran líderes sólidos y su trayectoria, aplastante. Echando la vista atrás, la primera mitad de Liga fue incontestable. Esa es la conclusión global.

Si ponemos la lupa y analizamos el debate diario que provoca cada jornada, muchas veces falto de perspectiva, aparecen lunares que, con el tiempo, ganan peso. El Barça encajó en la primera vuelta 20 goles, siete más que en la peor primera vuelta de Pep Guardiola. Aquella fragilidad defensiva no se traducía en resultados negativos porque los blaugrana encadenaban victoria tras victoria. La duda era saber si ese problema acabaría pasando factura en la Champions, donde cada gol encajado se paga carísimo. El tiempo ha dado la razón a los que avisaban de que lo que servía para la Liga no sería suficiente en Europa. Este Barça suma ya los mismos 35 goles encajados en la Liga que la temporada 2008-2009, pero aún faltan por disputarse cinco jornadas. Algo similar pasa en la Champions, donde los de Vilanova han recibido 14 goles, los mismos que el año del triplete, en el que se ganó la final de Roma. La diferencia es que el primer año de Guardiola se jugó la previa (el Wisla ganó la ida 1-0) y que para disputar la final de Wembley aún se deberían jugar dos partidos más.

El mejor promedio de goles encajados de los últimos cinco años se logró la temporada 2010-2011, con un total de 39 tantos en 62 partidos (0,62). Esta temporada, a falta de disputarse seis o siete encuentros, la media supera ya el gol por partido (1,1), 62 en 54. Los números totales son contundentes, el Barça ha recibido siete goles más (62) que el peor de los últimos cinco años, el primero de Pep y Tito en el banquillo (55).

Los datos reflejan una sangría -solo han mantenido la portería a cero en 16 de los 54 partidos disputados hasta la fecha- que no ha sido un problema en el torneo de la regularidad, que se mide por puntos, pero sí en Europa, donde cada gol penaliza. Estos números son la consecuencia de que algo no acaba de funcionar. Lo fácil, en estos casos, sería, apuntar a la defensa, pero tanto Pep Guardiola como Tito Vilanova han defendido siempre la siguiente máxima: «Para defender bien hay que atacar bien». El Barça es un equipo que defiende atacando, así que evitar goles depende de lo rápido que se robe el balón, depende, en un gran porcentaje, de que las líneas estén muy juntas y de la presión que medios y delanteros ejerzan en su zona de influencia.

 

Fuente: www.sport.es

 

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