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¡Vigilad cuando animéis a vuestro deportista favorito!

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No quiero ni imaginarme las sensaciones que tendrá Serena Williams esta última semana. Menos después de perder la final del US OPEN de Estados Unidos ante Bianca Andreescu.

Sí, la canadiense jugó muy bien, supo llevar el peso del partido y acabó siendo la gran y enorme campeona. Lo que ella no sabe, o sí, es que es una estrella y una máquina psicológica.

Reveló que la presión que la grada ejercía en favor de Serena la intentó convertir en motivación para sellar su primer Grand Slam con tan solo 19 años. Convertir la presión en motivación gracias al público, lo encuentro algo muy inteligente, audaz, maduro y sublime.

La presencia de público tiene el efecto de aumentar la activación o impulso en los deportistas. Como el aumento de la activación facilita la liberación de una respuesta dominante, la presencia de público, animoso de la gran Serena, hizo aumentar el rendimiento de la habilidosa Andreescu.

Y aquí es donde entra en juego lo que he comentado anteriormente: Andreescu es una máquina psicológica. ¿Porqué? Porque normalmente se activa ese rendimiento cuando es el público quien te anima; y no era el caso. En esa ocasión animaban, y mucho, a Serena.

Andreescu se autopresentó de una forma totalmente espectacular ya que controló con maestría típica de una gran veterana el modo en que era percibida por las personas sentadas en la grada.

Podemos introducir lo que se denomina facilitación social o concepto en que la presencia de público de uno o más espectadores puede facilitar el rendimiento de un individuo. Todos hemos experimentado el deseo de rendir mejor cuando los amigos, la familia, o personas del sexo opuesto nos observan.

Entonces, ¿cómo podemos explicar que esa facilitación social se diese pero a la inversa? Seguramente la canadiense estaba entrenada, focalizada, había visualizado y trabajado el objetivo: supo estar preparada.

Hizo lo que tenía que hacer, cuando lo tenía que hacer, y, simplemente, no improvisó.

Cuanto más entrenas y te dejas el pellejo entrenando, más disfrutas en competición.

Cuanto más sudas en tiempos de paz, menos sangras en tiempos de guerra. (Proverbio)

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