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¿Y el Madrid que…? ¿Otra vez campeón de Europa?

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¿Como hemos llegado a esto? Esta es la pregunta que todo seguidor del FC Barcelona se formula desde el sábado por la noche. ¿Como puede ser el Real Madrid de nuevo campeón de Europa? El Barça tiene al mejor jugador del mundo, un hombre que demuestra día sí y día también que, a pesar de que los Balones de Oro puedan escapar en otra dirección, no hay nadie capaz de discutirle ese reinado. Tiene un once titular que podría ser considerado como el mejor del mundo. Y hace ahora dos años era campeón de todo sumando un nuevo triplete a su palmarés. Por lo tanto la masa social azulgrana sigue preguntándose lo mismo que unos padres decepcionados con su hijo ¿Qué hemos hecho mal?

Como casi toda pregunta en esta vida esta también tiene sus respuestas. Pero antes de profundizar en los motivos que han provocado esta tragedia en clave culé cabe destacar la buena labor de Zidane al frente de un Real Madrid que ha crecido y de que manera con el técnico francés en su banquillo. Nadie apostaba por él cuando tomó las riendas del primer equipo a modo de parche. Para acabar dignamente una temporada que no parecía albergar nada bueno para los blancos. Llegó, tuvo fe en sus jugadores, les hizo crecer sobretodo a nivel anímico, haciéndoles creer que podían ser los mejores. Y mira tú por donde lo han acabado siendo. Con más o menos ayudas arbitrales de por medio el Real Madrid que vapuleó a la Juventus nada tiene que ver con el que recogió Zidane, un equipo hundido que se sabía infinitamente inferior al Barça de Luis Enrique, y que un año y medio después es el conjunto más solido del continente sin ninguna fisura en su esquema.

El crecimiento del Real Madrid es evidente. Pero otra pregunta nos aborda la mente y esta sin respuesta. ¿Qué hubiera ocurrido si el Barça hubiera hecho las cosas bien? Sabemos que ahora mismo los blancos parecen un equipo invencible, como lo parecían los azulgranas hace dos años. ¿Qué hubiera sucedido si el equipo de Luis Enrique se hubiera gestionado debidamente? ¿Sería hoy el Real Madrid campeón de la “duodécima? Eso jamás lo sabremos, porque así como los blancos han marcado una clara progresión con Zidane en el banquillo todo lo contrario ha sucedido con el Barça de Luis Enrique.

El declive del conjunto culé tiene varios detonantes. Para empezar tan solo hay que ver el once titular que consiguió el triplete hace dos temporadas y el actual. Apenas hay cambios, y ya no me refiero tan solo a nombres, puesto que es complicado conseguir jugadores que superen el nivel de los titulares, sino al dibujo táctico. Todo sigue igual. Nada ha cambiado. Algo que hubiera sido lógico si todo hubiera funcionado como la seda, pero este no ha sido el caso. Los rivales han evolucionado. Y el Barça ha continuado abonado a un único dibujo, una idea muy correcta siempre y cuando se tenga un plan B listo para cuando deje de funcionar. El plan A ha dejado de funcionar esta temporada, y cuando el equipo ha necesitado alguna idea fresca con la que continuar dañando a los rivales han salido a la luz las carencias tácticas del cuerpo técnico.

Otro de los factores que ha favorecido este declive es la lacra que persigue al Barça temporada tras temporada. La dirección deportiva de un club es sin duda su talón de aquiles. La calidad de un equipo se mide en función de sus jugadores, y el director deportivo es el encargado de nutrirlo de futbolistas validos para una idea de juego muy concreta. Un año más, y ya van unos cuantos, la gestión de altas y bajas ha sido nefasta. Los jugadores que han llegado no han servido para elevar o mantener el nivel del equipo, a excepción de Umtiti. Se han regalado jugadores que han rayado a gran nivel en sus nuevos destinos. Y por si fuera poco en los últimos años se ha reforzado directamente al eterno rival, descartando el fichaje de varios jugadores que a día de hoy demuestran sus numerosas cualidades en la filas del Real Madrid.

El último detonante de este declive está en el palco. Josep Maria Bartomeu ha permitido que el Barça fuera ninguneado en los despachos, donde Florentino Pérez ha campado a sus anchas sin que nadie pusiera el grito en el cielo. El doble rasero con el que se ha tratado a ambos clubes en casos muy similares ha sido digno de denuncia, pero cuando ha sido el momento de reclamar justicia a voces el silencio se ha adueñado del máximo mandatario barcelonista. Bartomeu se ha hartado esta temporada de poner la otra mejilla, mostrándose incapaz de revelarse lo más mínimo mientras el club que preside era maltratado desde diferentes ámbitos.

Si quieren que les diga la verdad el futuro no es nada alagüeño. Ha llegado Valverde, del cual podemos esperar lo mejor pero al que debemos concederle un espacio de tiempo como aclimatación, un tiempo del que no disponemos ante el estado actual del eterno rival. Las altas y las bajas que se producirán deberán aportar aire fresco a la plantilla y aumentar el nivel del banquillo. Dar por hecho este factor es extremadamente optimista,  mientras en Madrid tienen un once competitivo y probablemente los mejores suplentes del momento. Y donde seguro que no habrá cambios es en la presidencia, por lo tanto es muy probable que durante la próxima temporada sigamos viendo como el FC Barcelona es atacado sin que el encargado de defenderlo mueva un solo dedo para evitarlo.

Con tres de las últimas Champions levantadas por Sergio Ramos volvemos a las épocas ancestrales en las que muchos daban por sentado que los blancos lo ganaban siempre todo. Como en aquel anuncio de la década de los 90 en que un anciano apartado de la civilización le preguntaba a un forastero ¿Y el Madrid que…? ¿Otra vez campeón de Europa? Los blancos saborean la progresión que los ha llevado a la cima, y el Barça debe trabajar de lo lindo para volver a ser el que era, puesto que sabe perfectamente que su declive ha sido el mejor aliado de los éxitos merengues.

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