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domingo, agosto 14, 2022
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No hay mal que por bien no venga, por Ramon Robert

Todos conocemos el dicho “no hay mal que por bien no venga”, aunque quizás en Can Barça lo interpretaron a la inversa para lanzarse a aprobar la obra faraónica del Espai Barça; quizás por error, quizás por necesidad de noticias positivas, o quizás por visionarios lo convirtieron en “no hay bien que por mail no venga”.

Que la consecución del Espai Barça significa volver a situar al FC Barcelona en la vanguardia de las instalaciones deportivas y la transformación de un estadio de fútbol y su entorno en un centro innovador de ocio y entretenimiento no tiene discusión. Pero que la fiesta de 1.500 millones de euros deberá ser asumida en tiempo y forma tampoco la tiene. Y allí es donde radica el bien conseguido que puede transformarse en un mal de consecuencias incalculables.

El club ha proyectado unos ingresos adicionales a generar de 200 millones (un escenario conservador de incremento del 67% de ingresos, cuando la media de los estadios que han transformado sus instalaciones hacia este concepto es del 120% de incremento). De esos ingresos adicionales, la mayoría de los ingresos serían generados por hospitality y el área VIP (24%) y por el concepto del naming y patrocinios (24%), con la previsión de empezar a generar dichos ingresos en el año 2025. Por lo demás, de los 200 millones, el 22% vendría del ticketing, un 15% del museo y otro 15% de los eventos y conciertos que deberán realizarse.

Hasta este punto todo cuadra y el Excel se mantiene sin sobresaltos. El problema surge a partir del año 2026, momento en el que se debe empezar a devolver el principal del crédito, con la previsión de que pueda sufragarse con los propios ingresos extraordinarios que se generen. Es decir, que si los ingresos sirven para pagar el crédito a 35 años (a pagar hasta el año 2057), no se estará generando dinero para revertir la situación deportiva del club; y, a su vez, si no hay resultados deportivos, se tendrá que compensar la pérdida de ingresos con parte de los que se hayan generado con el Espai Barça.

En tiempos de aquel tal Leo, se hubiera entendido que cualquier desviación quedaría solucionada con la generación de Leo-dólares, pero ahora estando huérfanos de la Casa de la Moneda y Timbre culé (es decir, Leo Messi), no pinta que puedan tener la seguridad deportiva que garantice el resto de los ingresos necesarios para mantener la estructura de gestión y deportiva culé.

Veremos que nos depara el futuro, pero el riesgo de tsunami sigue cerca de Can Barça y Espai Barça no es la panacea, ni mucho menos.

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